Los consumidores nacionales rebajan su ingesta de carne por tercer año consecutivo

Los nuevos hábitos nutricionales penalizan a un alimento cuyo consumo per cápita en España se estanca en los 50 kilos por persona y año

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Ecológico. Orgánico. Natural. Auténtico. La alimentación saludable se abre paso en nuestra dieta a codazos. ¡Abajo las calorías!, aunque no sean las únicas responsables de nuestro sobrepeso. ¡Arriba la leche de soja!, aunque empiecen a surgir voces contrarias a su consumo. ¡Adiós al gluten!, aunque sólo el 1% de la población esté diagnosticada como celíaca. Y, por supuesto, ¡arrivederci a las proteínas animales!, a la carne de cualquier tipo, ya sea vacuno, pollo, cerdo, procesada, fresca o congelada.

A los tradicionales y más conocidos regímenes alimentarios que suprimen totalmente la ingesta de carne o pescado, como el vegetariano o el vegano, se unen ahora nuevas modas, como la dieta flexitariana. También llamados ‘vegetarianos a tiempo parcial’, los flexitarianos consumen carne o pescado sólo de manera ocasional. Estas tendencias de alimentación suponen que, en el último año, un 29% de los españoles haya reducido su consumo de carne roja, mientras que un 14% afirme no haberla probado, de acuerdo a un estudio sobre hábitos nutricionales elaborado por Nestlé.

Diferentes gustos a la hora de llenar la cesta de la compra, que están teniendo una clara traslación a la industria cárnica nacional, que representa el 21% de todo el sector alimentario español: el consumo de carne de todo tipo acumula su tercer ejercicio consecutivo de descensos, según reflejan los datos del reciente Informe del Consumo Alimentario en España, publicado por el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente. Si en 2013 se consumieron 2.389 millones de kilos de carne en nuestro país, esa cifra descendió en 2014 a 2.293 millones, y en 2015 se quedó en 2.236 millones. Eso supone que cada español comió el año pasado 50,14 kilos de carne, un 1,7% menos que el año anterior.

Si ponemos la lupa en los datos genéricos, observamos que no todas las carnes están sufriendo de igual manera la citada caída en el consumo. La de ovino ha registrado un desplome de casi el 6%, la de vacuno del 3,8% y la de pollo del 3,2%. Se ha librado de la quema la carne de cerdo, que ha conseguido aumentar su volumen de ventas en casi un 1%. También ha resistido de mejor manera la carne procesada (fiambres, embutidos y jamones), que únicamente ha bajado un 1%. Por lo que respecta a la distribución, llama la atención un dato: descendió un 8% la compra de carne en tiendas especializadas, mientras que creció un 7% en tiendas de descuento, a pesar de que el precio aumentó más en estas últimas.


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